Hace cinco años Luis detectó una pelotita en su cuello. Se hizo exámenes, pero los médicos no encontraron ninguna explicación para su ganglio inflamado. Estuvo un año entero haciéndose estudios en clínicas privadas. Le dijeron que podía ser un resfrío, lupus, la enfermedad del gato… “Mi cuello se hinchaba cada vez más. Cuando se acabó la plata y la paciencia recurrimos al sistema público y me diagnosticaron. Jamás pensé que me daría cáncer, pero tuve que enfrentarlo. Soy joven, puedo aguantar, pensé.” Lamentablemente, Luis falleció el 5 de julio de 2014 y su testimonio se vuelve aun más valioso.